NO TINC POR
El pasado sábado 26 de agosto tuvo lugar en el centro de Barcelona una manifestación cuyo objetivo inicial era mostrar la unidad de toda la sociedad barcelonesa, catalana, española y, en general, occidental, contra el terrorismo. El propósito debía ser mostrar al mundo nuestra condena unánime a los atentados que tuvieron lugar el 17 de agosto en las localidades de Barcelona y Cambrils (Tarragona), los cuales se cobraron la vida de 16 personas y más de 100 heridos. Pero, tal y como se esperaba, la realidad fue bien distinta.
Si hubiésemos sido gente razonable (ya no voy a decir inteligente, ni tan siquiera solidaria, simplemente razonable, personas), la marcha habría sido protagonizada por rosas, crespones negros, pancartas de "No Tinc Por" y otros símbolos que mostraran un poco de respeto por las víctimas de los atentados, sus familiares y sus amigos.
Sin embargo, las mentes enfermas de los dirigentes de la ANC (Assemblea Nacional Catalana) decidieron que era una buena ocasión para volver a demostrarse a si mismos la fuerza de su "procés". Pitos, abucheos, banderas esteladas y demás propaganda independentista hicieron de la manifestación un nuevo acto de campaña de cara al 1 de octubre. Pero lo más repugnante y pútrido de todo, es el olvido de las víctimas. Muchos vecinos de Barcelona cuentan que al llegar al lugar donde comenzaba la manifestación vieron el panorama y se marcharon porque no querían formar parte de ese circo. Ellos iban, como personas solidarias, a rendir un homenaje a los fallecidos y heridos, y vieron que aquello era una pantomima, una farsa y un teatro de aquellos que, día, tarde y noche, alimentan el odio y la confrontación porque es su negocio.
Una manifestación como la que debió vivir Barcelona debía sacar los valores y los sentimientos de una sociedad dolorida y triste. Pero no nos engañemos, esto no va de valores ni sentimientos. Esto es un negocio. Es un montaje. Tantos años trincando la pasta de las instituciones públicas ha provocado que ahora tengan mucho que tapar y mucha mier... que meter debajo de la alfombra (o mejor dicho, debajo de la estelada). Y todo es poco. Quieren la desconexión, y lo cierto es que lo han conseguido, han desconectado. Han desconectado de la realidad. Es más, lo que están consiguiendo es que muchos independentistas moderados desconecten de ellos, porque al ver a esos radicales rompiendo carteles escritos en español no se puede sentir otra cosa que no sea vergüenza.
Yo quiero la independencia. Quiero la independencia de esa gente que boicoteó un acto que debió ser de fraternidad, amistad y unidad. Quiero la independencia de aquellos que ponen la política y los intereses partidistas por delante de las personas y por delante del respeto.
Y quiero terminar acordándome de las 16 personas que murieron por culpa de la intolerancia de aquellos que no soportan que la gente opine distinto a ellos. Porque ellos son los importantes. Por ellos, y por los de París, Londres, Berlín... Por todos aquellos, hoy hemos de gritar alto y claro NO TENEMOS MIEDO.
Un saludo,
Alberto.
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