TURISMOFOBIA

En las últimas semanas hemos visto una serie de actos vandálicos, así como protestas e incidentes perpetrados por grupos de vecinos de algunas de las ciudades más visitadas de España como Barcelona, Palma de Mallorca, Madrid o San Sebastián entre otras. Y, a la vista de los acontecimientos, cabe preguntarnos: ¿Qué ha sucedido para que estalle esta oleada de "odio" contra los turistas?
En realidad, el problema viene de lejos. No creo que nadie piense que ha habido un detonante puntual. Esto ha sido un movimiento progresivo, un vaso que se ha ido llenando poco a poco, hasta que este verano se ha desbordado. 
Si observamos la evolución histórica del turismo en España, vemos que en el año 1945 los extranjeros que elegían nuestro país para pasar las vacaciones eran apenas unos miles (lo cual era normal, pues acabábamos de salir de una guerra y estábamos inmersos en una dictadura). Hacia el final de la dictadura, por el año 1975, la cifra de turistas extranjeros ya se acercaba a los 30 millones de personas. Y de ahí en adelante, año tras año, ese número no ha dejado de crecer hasta los más de 74 millones de personas que en el 2016 vinieron a España. Y ya se habla de que este año podríamos rozar los 80 millones. Obviamente, este crecimiento tan feroz no ha pasado inadvertido a los habitantes de las principales ciudades de la costa nacional. 
Otro aspecto a tener en cuenta es el dinero que los turistas dejan en nuestro país al visitarnos. Según datos del año 2015, un turistas gasta de media 1015 euros en sus vacaciones y entorno a 120 euros al día (aunque estos datos varían radicalmente en función de la nacionalidad del turista y de la comunidad autónoma en la que se aloje). Los datos nos dicen que, entre enero y marzo de 2015, los turistas dejaron en España más de 10700 millones de euros. Esto debería ser una gran noticia y todos deberíamos alegrarnos mucho, pero la realidad no es tan halagüeña. Hay que decir que no es lo mismo lo que gasta un turista que lo que ingresa España por cada turista. Para empezar, porque el gasto que aparece reflejado en estas estadísticas oficiales del Ministerio de Industria, incluye todos los desembolsos de los que recalan en España, aunque no se hagan en empresas españolas, como puede ser el billete de avión o el pasaje del crucero. Esto provoca que la gente no vea tanto beneficio económico en el turismo y no les compense la "invasión" que cada verano protagonizan los viajeros.
Otro punto importante es el tipo de turismo. Para un vecino de Ibiza o de Barcelona, no es lo mismo un turista coreano de 50 años que viene a visitar monumentos y a descansar en la playa, que un joven inglés de 22 años que viene a las fiestas nocturnas, las borracheras de madrugada y las prácticas deportivas de los balcones de los hoteles. Y este último tipo de turista se da principalmente en la costa, en contraposición al turismo cultural que puede tener mayor peso en el interior peninsular. 
A modo de conclusión, lo único que podemos afirmar es que el turismo en España es tan potente, tan variado y tan dispar que hace de ese mercado un complejo mecanismo difícil de compatibilizar con la vida diaria de los habitantes nativos. Esto debe obligar a revisar el actual sistema de gestión que se hace por parte de las autoridades locales, regionales y nacionales. Aún así, no creo que las protestas ni los actos airados contra los visitantes sea la solución. 
Un saludo,
Alberto.

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